Hay caminos que unen ciudades. Otros, economías. Algunos, apenas logran acortar distancias. Pero existen rutas que terminan convirtiéndose en símbolo. El Paso Internacional Agua Negra pertenece a esa categoría: la de las obras que trascienden el asfalto y se vuelven identidad.

Hoy, 1 de marzo de 2025, se cumplen 60 años desde la inauguración oficial del camino internacional que conecta a la provincia de San Juan, en Argentina, con la Región de Coquimbo, en Chile. Seis décadas desde aquella ceremonia de 1965 que, en medio de la inmensidad de la Cordillera de los Andes, selló más que un paso fronterizo: abrió una idea persistente de integración entre ambos países.

Desde hace siglos

Mucho antes de que existieran las máquinas viales o los acuerdos binacionales modernos, ya había quienes imaginaban una conexión entre ambos lados de la cordillera. Arrieros, comerciantes y pueblos originarios cruzaban la montaña siguiendo huellas precarias que unían el valle del Elqui con el oeste sanjuanino. La intención cultural de integración existía antes que las fronteras.

Sin embargo, convertir esa travesía en un camino internacional implicaba enfrentarse a una geografía feroz. A casi 4.800 metros sobre el nivel del mar, Agua Negra es uno de los pasos fronterizos más altos del mundo, y el primero del Cono Sur americano. Durante décadas, la nieve, el aislamiento y la falta de infraestructura hicieron que el proyecto pareciera más una obsesión política que una posibilidad concreta.

El día histórico

La historia oficial reconoce varios nombres fundamentales. El gobernador sanjuanino Federico Cantoni impulsó las primeras gestiones formales en la primera mitad del siglo XX. Más tarde, el gobernador Leopoldo Bravo retomó el proyecto y aceleró las obras que finalmente desembocarían en la inauguración oficial del 1 de marzo de 1965.

Construccion Agua Negra 1964 archivo del Museo Histórico Gabriel González Videla

Construccion Agua Negra en 1964 – archivo del Museo Histórico Gabriel González Videla.

Según los registros de la época, el acto se realizaría en los límites del paso al mediodía, donde ambas delegaciones se encontrarían por el nuevo camino. En aquella ocasión, la comitiva chilena estuvo liderada por el Intendente de Coquimbo, Eduardo Sepúlveda; el Prefecto de Carabineros, Javier Provoste Sáez; el Director de Agricultura, Alejandro Pizarro Aguirre y el Director de Vialidad, Ramón Escobar Inostroza.

Por su parte, la delegación argentina estuvo presente el Vicepresidente de Argentina, Carlos H. Perette; el canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz; el gobernador de San Juan, Leopoldo Bravo; el presidente de Vialidad Carmona; el Obispo de San Juan Monseñor Idelfonso María Sansierra.

Además, participaron alrededor de 500 personas, entre diputados, funcionarios, periodistas de ambos países, ingenieros y representantes de los obreros que estuvieron trabajando por largos 11 meses para terminar la construcción del nuevo camino.

Según un audio de la época, el entonces gobernador de San Juan, inició los discursos: “Agradezco a dios por vivir este histórico momento que consagra al paso del Agua Negra ya reiteradamente hollado por nuestros antepasados y aún por los habitantes pre hispánicos de esta región del continente, en un camino de tránsito permanente y por donde pasarán nuestras riquezas, permitiendo el intercambio turístico entre San Juan y la zona cercana de Coquimbo. Hemos hecho realidad lo que hasta ayer parecía un sueño irrealizable, contando fundamentalmente para esta gran tarea más que con la potencia de las máquinas, con el coraje, ingenio y voluntad indomable de los técnicos y obreros de uno y otro lado de la frontera también ha contribuido a esta magna realización en una medida que mis palabras no pueden describir la decidida buena voluntad de los gobernantes chilenos”.

Aquella jornada quedó grabada en la memoria regional como una escena épica: banderas argentinas y chilenas flameando entre montañas nevadas, caravanas de vehículos atravesando por primera vez el corredor y cientos de personas celebrando que la Cordillera dejaba de ser barrera para convertirse en puente.

Un camino hecho de historias

Hablar de Agua Negra únicamente en términos geopolíticos sería injusto. Porque el paso también está construido de pequeñas historias.

Historias de familias sanjuaninas viajando por primera vez a las playas de La Serena. De comerciantes intentando convertirlo en una ruta más que turística. De estudiantes participando en intercambios culturales. De viajeros que recuerdan la puna como un desafío que no quieren repetir. Y de otros que encontraron la solidaridad en la inmensidad de la montaña, casi como experiencia espiritual.

Durante décadas, el paso consolidó un vínculo entre ambos territorios. El intercambio turístico se volvió parte de la identidad regional y la idea de “biregión” comenzó a instalarse mucho antes de convertirse en un concepto institucional.

Incluso en sus momentos más difíciles —como el cierre derivado del conflicto del Beagle en 1977— Agua Negra siguió funcionando como símbolo de cercanía cultural. Su reapertura en democracia, a comienzos de los años noventa, representó también la reconstrucción de la confianza entre ambos países.

La temporada de oro

En coincidencia con este aniversario, el Paso de Agua Negra está atravesando un momento glorioso. Si bien las mejoras en infraestructura aún están p endientes, precisamente durante esta temporada de verano 2025, por razones que tienen que ver con las economías de los países, son miles los argentinos cruzando hacia Chile motivados principalmente por el “turismo de compras”: ropa, electrodomésticos, calzado, artículos para el hogar y tecnología que cuestan un cuarto del valor al que se consiguen en Argentina.

Más precisamente, al 1 de marzo de 2025, el Paso Internacional Agua Negra registró un cruce total de 100.230 personas, según el informe oficial del Gobierno de San Juan. Esta cifra representa un hito histórico para el corredor bioceánico y un incremento interanual del 172,4% respecto a la temporada previa. ¿Será motivo suficiente para pavimentar, levantar puentes y ensanchar curvas?

La integración que aún espera despegar

Sesenta años después, Agua Negra continúa siendo una promesa en construcción.

Aunque el paso consolidó el turismo y el intercambio cultural, el gran objetivo estratégico sigue pendiente: convertirse en un corredor bioceánico permanente capaz de conectar el Atlántico con el Pacífico y potenciar el comercio sudamericano hacia Asia.

En ese escenario aparece el histórico proyecto del Túnel de Agua Negra, una obra binacional pensada para garantizar transitabilidad durante todo el año y reducir las limitaciones climáticas que actualmente condicionan el cruce estacional. El proyecto llegó a contar con financiamiento internacional y avances técnicos importantes, aunque las definiciones políticas y económicas fueron postergando su concreción.

La discusión excede lo vial. Para San Juan y Coquimbo, el corredor representa una oportunidad estratégica vinculada a minería, exportaciones, comercio, energía, turismo e integración logística continental.

En tiempos donde el mundo vuelve a discutir cadenas de suministro, corredores comerciales y acceso a puertos estratégicos, Agua Negra reaparece como una pieza geopolítica relevante en el mapa sudamericano.

La Cordillera no divide, une

Hay algo profundamente simbólico en que el aniversario número 60 encuentre al Paso de Agua Negra todavía proyectándose hacia el futuro.

Porque, en definitiva, el valor de este corredor nunca estuvo únicamente en el tránsito vehicular. Su verdadero legado es cultural: haber demostrado que dos comunidades separadas por una de las cadenas montañosas más imponentes del planeta podían pensarse como una región compartida.

 

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►Si no conocés el Paso de Agua Negra, aquí te lo mostramos: