
Tony Nacusi, Periodista de San Juan, nos comparte esta columna de opinión en la que relata su experiencia cruzando desde hace dos décadas este paso fronterizo:
“Corría el año 1988. Segunda quincena de enero. Queríamos unir San Juan con la Cuarta Región. Nada conocíamos del camino, sólo referencias. Únicamente mi hermano Ricardo Mario se había tomado el trabajo de averiguar algo.
Aventura total. Dos movilidades. Familias completas. Repleto de temores e intrigas. Cada kilómetro recorrido era sumar alivio a nuestra imaginación. Curva y contracurva. Pendientes. Trepadas. Tramos interminables de trayectos enripiados. Altura descomunal. Hielos y nieves eternas. Temores varios. Piedras con todas las formas.
Luego de varias horas de andar y andar, el mar y la arena nos dieron la mejor de las bienvenidas. Era como haber superado la mayor de las pruebas y desafíos. Habíamos transitado Agua Negra… sin problema alguno.
¿Éramos conscientes de semejante travesía? Seguro que no. Aquella juventud amortiguaba la inconsciencia. Éramos capaces de “todo”. Desde entonces, todos los años vamos y venimos por Agua Negra. En distintas movilidades. En soledad. Acompañados. Pero siempre priorizando hacer el cruce por San Juan. Solamente un par de ocasiones el corte de ruta nos llevó a unir ambos países por Mendoza.
Desde entonces (1988), hasta la fecha, la asistencia en ruta es casi nula. Sólo la buena voluntad y generosidad de apenas un pequeño número de automovilistas. Durante muchos años, ni siquiera la presencia de trabajadores de las Vialidades Nacionales entregaban garantía de asistencia en Ruta. Además, no es la tarea asignada. Entonces, entre la pasión por cruzar Agua Negra, la inmensidad de su paisaje inigualable, su riqueza natural, el “conocimiento” de su trayecto, dejaban de lado todos los temores.
Así, año tras año, 20 temporadas inolvidables. Cada una con su sello distintivo. Pero desde hace un par de años, la ruta se ve “invadida” por maquinarias y personal de las empresas ganadoras de las licitaciones que adjudica la pavimentación de Agua Negra.
Decenas de kilómetros pavimentados. Señalización oportuna. Cartelería acompañando el trayecto. Ensanches de la traza. Miradores fascinantes. Cada vez más atrapante, toda una maravilla.
Hasta que este año, un desperfecto casi termina en tragedia. Un cortocircuito en el motor llenó nuestro cuerpo de temores y de las peores amenazas. En medio de la inmensidad. Solo acompañados de familiares. Nuestro vehículo no podía avanzar ni un centímetro más. El sistema electrónico estaba bloqueado. Todavía el olor a quemado se palpaba. ¿Qué hacés en ese caso? Sin señal telefónica. Automovilistas que pasaban sin siquiera preguntar si necesitábamos algo. Cero solidaridad. En nuestro grupo, sólo silencio. Reinaba la incertidumbre en pleno territorio chileno.
Hasta que un par de los nuestros, subidos a una gigante roca, comenzaron a agitar ropa blanca con insistencia. Habían advertido que en la lejanía había un obrador de una de las empresas encargadas de la pavimentación. Ese agitar constante tuvo sus frutos. Pasados los minutos apareció un camión y luego otro con operarios a bordo. Bajaron y se hicieron cargo de la situación. Desde regar el sector, colocar conos que adviertan la situación, herramientas, alambres, cintas aisladoras y manos a la obra.
Aproximadamente una hora de tarea casi artesanal. Con enorme entrega, solidaridad y responsabilidad. Percance solucionado. Atrás todos los miedos. Adelante todas las ilusiones por llegar al terruño.
Antes de retomar el andar, nos abrazamos con entusiasmo con cada uno de los operarios, hasta nos sacamos una foto. Hubo algunos regalos de agradecimiento también. Risas aflojadas. Cada uno de ellos con sus historias. Cada uno de ellos merecedores de todos nuestros agradecimientos. Ahí estaban exhaustos al sol de plena cordillera, pero felices por lo hecho.
Marco, Rubén, Mauro, Álvaro y uno de ellos apodado “el Tecito”, quien nos llegó a contar que es de Vicuña. Que tiene su casa a metros de la Estación Copec. Que ahí nos espera para que nos contemos la vida, la próxima vez. Que le digamos a todos que siempre Tecito está para servir.
Así es Agua Negra hoy. 20 años después de aquella primera travesía. Menos riesgos. Más tranquilidad. Menos piedras. Más asfalto. Menos soledad. Más compañía. Menos proyectos. Más realidades. Agua Negra cada vez más consolidada. Con Tecito incluido”.

